Comenzaba en 1959 un nuevo amanecer para los cubanos, para el resto de América Latina y para el mundo entero. Se ponía por delante la construcción de un futuro de libertad, igualdad, dignidad y, sobre todo, un horizonte distinto, en el que aquellos que siempre habían estado explotados, vilipendiados y marginados, es decir, la gran mayoría de la población, tuviera capacidad de dirigir y gobernar para si misma.
Tenía lugar el comienzo de una transformación socialista y democrática de la sociedad cubana, encabezada por un grupo de jóvenes revolucionarios que por suerte hoy todavía siguen a nuestro lado. Fidel, Raúl, Ramiro, Almeida, “Gallego” Fernández, etc. y otros que aunque siguen guiando nuestro pensamiento ya no están entre nosotros como el Che y Camilo, son los que han conseguido conjuntamente con el esfuerzo de su pueblo revolucionario la construcción de un modelo distinto para Cuba enormemente más justo que el actual sistema socio económico capitalista. La construcción de una sociedad más justa en la que los trabajadores son los dueños de su trabajo y en la que la producción se proyecta en pos del beneficio colectivo y social. Un país en el que la educación y la sanidad son gratuitas y un derecho universal para todos. Una sociedad en la que los niños no están desnutridos ni están sometidos a interminables jornadas de trabajo o a una brutal explotación sexual. Una Cuba que a pesar de sus dificultades económicas, a causa del bloqueo imperialista yanki, se solidariza con el resto del mundo exportando ayuda humanitaria, educativa, médica o asistencial a aquellos países que más lo necesitan (En África, Asia o América Latina). La realidad de un sistema social para los trabajadores y los sectores sociales más humildes, y no para una élite económica y militar opresora que tan sólo quiere perpetuarse en el poder como hemos observado recientemente en el cruel golpe de estado perpetrado contra el noble pueblo de Honduras. No sólo con el apoyo indirecto del imperio norteamericano sino también con el silencio sobre los hechos de los medios de comunicación y los gobiernos europeos, claramente al servicio de sus burguesías. Una democracia en la que no sólo se deposita una papeleta cada cuatro años para elegir a unos representantes, sino en la que el pueblo elige a sus candidatos y éstos pueden ser revocados en cualquier momento si no cumplen con las funciones emanadas de la soberanía popular. Una revolución que a pesar de llevar 50 años resistiendo en un entorno hostil, tan sólo a unas pocas millas de la potencia más voraz y sanguinaria que jamás habíamos conocido hasta entonces, es capaz de seguir manteniendo viva la realidad de que otro sistema social no sólo es posible, sino necesario. El Socialista. Nos sobran los motivos para defender a Cuba y a su Revolución. Es por ello que desde el Comité contra el bloqueo y solidaridad con Cuba hacemos un llamamiento al conjunto de la sociedad asturiana a que se movilice y solidarice con este pueblo que tan alto ejemplo de dignidad, fraternidad e igualdad sigue alumbrando al conjunto de la humanidad.
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